31 de diciembre de 2009
Katsumoto: regado
Antes de las hojas de ella, apartó unos minutos para endilgar adjetivos en alguna cosita casera que se movía hoy: por ejemplo el gato que le había comprado para Sicilia, redondo como los muñecos que arman los chicos al otro día de las nevadas.
Los Mickey y Pluto -cuatro meses atrás- colaboraban con su testimonial granito de arena para que fuera posible este meloso cuento de amor. Es la tercera vez que un sábado se oscurece sin que su voz le llegue, susurrante como caramelo fundido sobre la resbaladiza cáscara roja beteándose entre los amarillos bengala de una manzana Deliciosas. Y así, por tercer sábado, él compensó esta llagada distancia escribiendo una epístola a grafito de oscuridad 2B.
Dieciocho de marzo
Mediodía
Mediodía
Ella no respondía: ese silencio sembró una gran desazón en su alma ya hace un tiempo degollada. El silencio le hacía dudar si acaso lo que estaba haciendo serviría a la causa del regreso anhelado, tal como el servicio del samurai contribuía a la causa del empe
Una envidia caliente se enlazó a los poemas de calvario.
22 de marzo
En un futuro casi ella tuvo entre las manos los las hojas manchadas. Pero se sintió afortunada: en los renglones se evidenciaba a un hombre cansado, intranquilo y desesperado: pasaron los meses pero por aquellos lares no se supo el paradero de su corazón, ni siquiera el tuvo el valor de enviar noticias a través del erótico emisario de su puño y letra. 
Hubo una mañana en que De derramó sus lágrimas sobre un cuento de Papini. Aquel sollozo comprimido se estiró hasta la misma tarde, cuando desganadamente le tomó fotos a una primavera que desde unos días atrás ya florecía sobre todo lo salmantino, intentando que la acción le haga postergar el lacivo recuerdo de sus cabellos serpentinados.
Seis día atrás, el alegre fontanero hizo sonar al Siemens, pero después de cuatro holas seguidos, el silencio cortó. La emoción no se pudo esconder atrás de la austeridad fingida: en cada sílaba se le escapó una vibración temblorosa puesto que presentían su aliento respirando allende una castilla que recientemente desperezaba de la siesta.
Hubo una mañana en que De derramó sus lágrimas sobre un cuento de Papini. Aquel sollozo comprimido se estiró hasta la misma tarde, cuando desganadamente le tomó fotos a una primavera que desde unos días atrás ya florecía sobre todo lo salmantino, intentando que la acción le haga postergar el lacivo recuerdo de sus cabellos serpentinados.
Seis día atrás, el alegre fontanero hizo sonar al Siemens, pero después de cuatro holas seguidos, el silencio cortó. La emoción no se pudo esconder atrás de la austeridad fingida: en cada sílaba se le escapó una vibración temblorosa puesto que presentían su aliento respirando allende una castilla que recientemente desperezaba de la siesta.