martes, 14 de febrero de 2012

Me capitalicé en la nada (rare)








Vi cómo el delirio gobernaba el sueño mío

cuando desperté y corrí para escucharte.

Cuando te fuiste me capitalicé en la nada

Y de a una lágrima fui juntando mi fortuna.



De golpe se vació la bóveda sin remiendo,

sin tus tiernos llantos ni torpes rebeldías:

Cuando te fuiste me capitalicé en la nada

Y almacené una mar de esperas infinitas.



Quise escapar de mis haberes enfermizos

y fui atontado forastero en varias tierras

Leí la más triste colección de viajes a mi río

Cuando te fuiste me capitalicé en la nada.



Me capitalicé en la nada: La vida volvió a ser

un áspero vacío que atravesaba mi substancia

Me hice rico en los socorros de las letras

La vida me otorgó en un día por Dios establecido

la anonadada recompensa de los ay, delos suspiros…

Y de una lágrima similar que en el destierro.

Cuando te fuiste me capitalicé en la nada.



Al vado fui a buscar los trocito de mi alma

que el mare magnum de pasiones había disgregado:

Llené cofres y cofres con aquellas candentes caracolas

Emblemas de mis noches desveladas.



Al regresar la primavera revisé lo recogido

mientras duró aquel peregrinaje macilento:

Fui terrateniente de una preciada inmensidad de soledades

En cada hoja de la Biblia leía la Santa Escritura del quebranto.



Obtuve el gran acervo de un insomnio extraordinario

Con los vacíos trabajados logré acopiar un Himalaya

La útil necedad puso llave fiera al candado memorioso

Y lo enterré todo en un cosmos recorrido por tus penas.



Tocó fondo la más honda pesadumbre de mis días

Naufragó la carabela sobre el Ártico de un rencor filoso:

Cada día boté al mar una esperanza diferente

-Hasta que un día se vaciaron las bodegas-;

Y así amanecí falto de todas las raciones



Apilé tus caras en las tierras de Salem

-tus palabras, tus elogios, tus maldades-.

Y se formó una hoguera incombustible

Cuando te fuiste me capitalicé en la nada.



En una lluvia de quejidos despilfarré grotescamente

racimados millones en maravedíes de una lástima

Así floté sin arca en un diluvio de aflicciones

Y colonicé un continente de aislamientos



Limpié cada recodo de una mansión de contratiempos;

Con las últimas reservas compré un harén de adversidades;

Cedí a Dios el engreído numerario de mi suerte;

Cuando te fuiste tú me capitalicé en la nada.






lunes, 22 de agosto de 2011

Como el año que se fue el año pasado







Julio 2011






En la línea de las horas avanzando, el amanecer perfuma a Salamanca con una fila india de milagros. Los edificios recién comienzan a desperezar… Y una poética claridad acaricia suavemente cada rincón del barrio Garrido. ¿Cómo anda usted, empedregado tanque de la Chinchibarra? Allende su hermosura quijotezca duermen el canceroso Saturnimo y dos cuartos más para atrás el melómano Celes con su compañero de habitación: el alterado Antonio, en su época militar de buenos modales, a quien el viernes las enfermeras entubaron por el pitito.


Puede que hoy no lo comprendas, quizás llegue mañana y no lo entenderás tampoco. Entre tú y mis letras se tiende un abismo creciente como la luna. Cuando no se les permite reinar a otros pues el abismo se inmensa.





Ya ha pasado más de año y medio desde que comencé los cuadernos de Lolalandia. Y éste ha sido un cuaderno exclusivamente para ti. Me faltan realidades para terminar de llenar sus hojas, pero supongo que lo haré de todas maneras para que se termine lo comenzado. Pero la verdad es que ya casi te he desojado por completo de una margarita cuya corona era mi corazón, a través del enfermizo me quiere-no me quiere. Utilizaré las últimas hojas para decirte que ya no me siento un tirano por no experimentar pena cuando evoco tus dolencias a manos de un nupcicida. Otra profecía se ha cumplido: ni siquiera tu reaparición ha podido impedir que se cumpliera lo escrito hace pocos días. Te fui queriendo menos y no te querré nunca más. En cambio amo el amanecer, pocos momentos del día logran inspirar tanto como el cielo en color amanecimiento.





Tu paso por esta vida mía fue un escribirte frases que quizás nunca leerás. Pero también fue un pensar en cuánta falta me hacían tus problemas. Haber estado contigo es pensar que en el futuro trabajaré 8 horas en los hospitales de la buena Seguridad, superentretenido curando heridas… y en medio de gasas y apósitos, cada vez que te recuerde me sentiré un poco más triste.


Pero los picos de aquella sorprendente pasión ya casi no los experimento más. A veces te deseo como antes y te encarnas en el cuerpo de mis nuevas cópulas. ¡Amé tanto a otra! ¡Amé! Pero en un principio pensé imposible aquel sentimiento que solamente te esperaba a ti.



Y finalmente sigo enamorado, aunque no de ti, sino del numerario de superaciones que fui coleccionando a lo largo de este tiempo riguroso, como en el año que se fue el año pasado.





Nicolás López Dallara

sábado, 20 de agosto de 2011

El último papel






20 de agosto de 2011


He aprendido que esta vida nuestra no es un continuo detalle escrito con el estilo de ése Papini. El equilibrio tan ansiado también busca cosas mundanas.

Lo importante es que golpe a golpe voy terminando una dura obra que sólo te ha escrito a ti. Para llenar estos renglones ya no tengo nada dentro que diga algo más sobre ti. Afortunadamente ya no me duelen las evocaciones de tu nombre corto. Y no me asaltarán arrepentimientos repentinos que me hagan escribir otro poema con la métrica debida para estar enamorado de tu inicial que también fue la mía. En la recopilación de mis ganancias distingo como ítem máximo el haberme hecho con el coraje suficiente como para no sentir vergüenza de lo aquí escrito hasta hoy. Contemplo también algún mágico instante donde el amor me mostraba la cara de la Providencia. Has construido una duradera aunque no invencible parte de la memoria de mis días de mañana. Así también algún que otro rencor sobrevivirá al olvido. Lo que me has enseñado no pudo haber llegado en un momento mejor. Llegaste justo a tiempo para dar compañía a mi exaltada evolución hormonal. Ahora sé que el romántico infante murió y en su lugar blandengue hoy duerme el hombre necio y orgulloso que inexorablemente latía en mí.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Bienvenido, Sr Olvido

Solía mirar tus ofensivas insolencias como si fueran un error mío y no tuyo. Al pensar en ti mi corazón aún vacila un poco. No encuentro nada lo bastante relevante como para que alcance la dignidad necesaria para entrar en tus hojas. Pero en mi corazón tu imagen indispensable alcanza para eclipsar cualquier brote que anuncie una nueva ilusión.

Existió una que casi se lleva tu lugar. Pero nadie pudo entrar a mi país, tierras sentimentales que cada día fueron bañadas con las lágrimas que te han extrañado tanto. Todo el mundo continuaba con sus vidas, a nadie pareció importarle que Lolalandia se hundiese en el océano. Ni a mi famila ni a los vecinos estudiosos que se asoman a curiosear por la ventana: sólo a mí me importó que no estés. El tiempo me ha enseñado a extrañar poco. En realidad he dejado de extrañar a mucha gente. Lolalandia hoy es una tierra tragada por el mar.

Pronto te llegará una carta con instrucciones para que intentes hallar tu propia voz entre los escombros de lo que un día fue tu mundo. Hasta puedes llegar a encontrarte con la genialidad que lleva escondida casi 40 años en una lámpara tan cubierta de amarguras que casi implota para matarte.

Sólo me queda nada
























Para decirte ya no me quedan cosas bonitas
Para decirte ya no me quedan cosas de llanto


Sólo me queda nada: me fui vaciando de ti.









Nicolás Lopez Dallara
















viernes, 12 de agosto de 2011

En Lolalandia hay un Fénix





Las casas de Lolalandia están pintadas de lila. Una sombra caballeresca desaparece cuando el nubarrón caminante le niega al sol una vista de Salamanca. En otro rinconcito más humilde de este mundo nuestro puedo contar que la pluma fuente se solidariza y me ayuda para que los poemas y glosa se perpetúen encima de la hoja caliza, cuya grisácea textura aguarda la embriagadora llegada del romanticismo del lápiz, igual que una muda Penélope aguardando la llegada del día sin pegar ojo durante la noche inclemente, cuando destejía lo tejido para que quedara bien hecho el ilusionismo del estar esperando con toda legalidad a su Ulises aún.

Los avatares nos han acostumbrado para que no te hable de mis penas, sí de alguna rebeldía que ejecuté en mi cálido pasado.

No sé si he dejado al fin de amarte o acaso sucederá que has abierto esa jaula infranqueable en la que me encontraba prisionero de tu corazón. Entonces, por esa extraña ley de las almas que se encuentran una vez y se quedan conectadas por el resto de su vida, pues es que pude escaparme de ti. Y a la vez tengo la súbita libertad para soñar de nuevo con amplios paisajes de montaña y ponerle mis viejas esperanzas a las macizas rocas de Ávila o a las misteriosas rutas de Segovia. Ir un mes al bosque.

Es entonces que dejo de luchar para extinguirte, y te dejo existir rebeldemente y pacífica tantas veces otras. Pues seguirás siendo la apasionada fuente de mi pluma.






miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuaderno de bitácora de los viajes a Lolalandia




7 de mayo






Lolalandia es una tierra cuyas aristas una tarde dibujaron una llama. Se consumió tras letanías de silencios. Pero todo un año ardió implacable.

Después de 630 días, hoy puedo decir que al fin he terminado de hacer todas y cada una de las rutas de Lolalandia. Los últimos meses fueron los más vergonzosos, pensé que nunca iba a salir de allí. Los barcos que me salvaron necesitaron hacer 6 expediciones antes de dar conmigo. Aún suelo viajar en los últimos dos, casualmente se llamaron igual. La primera duró todo un mes. Prometí joyas a la tripulación si me rescataban.

No lloro por ella. Sino por las riquezas que no pude llevarme de esta tierra. quizá sea por eso que aún hay una porción de ella en mi corazón. Quizás mi rezo pueda pedirle a Dios olvidarme un poco de aquellas costas. Mañana seré apático a las cosas que hoy les tuve devoción. Revisé mi corazón y me di cuenta de que ya no habita en él lo bello de antes de perderme en esa tierra.

Era como una gitana, como una hojita caída del arce en otoño que se deja bambolear por el viento de Valsaín. Perdí la oportunidad de que tus gemidos de loca desesperada babearan en mi oído. Fue el amor más gitano que viví. Y por supuesto que fui yo quien amó más al otro de los dos. Hice todo para que me quiera, menos ser hombre. Me lo impedía una intensa compasión como no experimenté nunca. Ahora ya estoy preparado para empezar a olvidar. La impertinencia me dio la oportunidad de superarla.

Si uno vive engañado mucho tiempo y un día se quitan todas las máscaras, la indignación se parece a un tren de flechas que se clavan una tras una en el pecho.


lunes, 1 de agosto de 2011

Tierra de mar


Prefería su enfermedad a las tamañas vanidades
que se ponen una máscara de enfado.
El corazón del Fénix está obscuro
“Teoremas de efímera eficacia”



Ahab

Capitán orate y valeroso
paso por un país hermoso de repente
en donde ya he vivido por un tiempo
y fui feliz algunas veces.










sábado, 11 de junio de 2011

De otro era













Mientras el amor dura
estoy en otra parte
porque soy de otro.




Antes de partir de Lolalandia
quiero escribir de cosas importantes
porque de otro soy.



Vuelve que aún quiero escucharte:
Corre a mí y corrige una vez más
los zonzos sentimentalismos que te aclaman.




Vuelve a mí que quiero ser de nuevo
el capital de tus caprichos;
Seré otra vez la papeleta en que confieses
tus penas siniestras y terrores.




Vuelve mientras este estar amando
cubra soles y llene con el Nilo
al Arizona.












Cuando me fui de Lolandia
viví mucho más triste
de lo que normalmente era
porque de otro era.















11 de junio, 2011

miércoles, 8 de junio de 2011

Una calesita de ti








El pimpollo de jazmín ha explotado y desprende pomposamente un olor a Quilmes de madrugada. Por aquí, unas pantuflas emiten ecos de una perezosa actividad que recién comienza en Paseo de los Nogales número 7. Sin querer culparte de nada más bien agradeciéndote la historia que añadiste a mi vida, pues esa manera de amar me ha hecho daño desde que tengo recuerdos de ti. Dos técnicas para el rezo se contradicen. Y no me decido en cuál de ellas poner tu nombre, tan opulento como el jazmín abierto hoy.

¡Qué tontos los que amaron cuando jamás se los amó! Nos quedamos aguardando un regreso, una carta, una llamada… unas disculpas. Cuando andamos con el corazón roto nos quedamos esperando cosas que no llegarán.

Tus palabras me llenaron el corazón de esperanza. Los cruces casuales con otro cuerpo son la manifestación de un amor maravilloso que se ha gestado al cabo de 5 años. Pero hoy pensé más en ella que en ella. Quizás esta nueva ilusión sea la razón de que hayas partido al universo del olvido.

Todo lo malo lo aleja, todo lo sublime es traído aquí de nuevo por tu apasionado “Encantada”, después de otros meses sin que crucemos palabra, ese vocablo con acentuación de una enamorada que siempre negaste…Conquistadora expresión que continué recordando por los rincones de este 9 de abril, un año después de que se escriba “Tiempo para una guerra”. Porque también recuerdo las fechas en que nos estabas… pero te seguí amando. Pero hoy en cambio viaje de inmediato para ver de lejos a mi Tormes, lo más apartado posible de los mezclados salmantinos. Se atisbó al río fluyendo en medio de una entrometida selva de juncos y los conocidos sauces llorones. Fotografié a un pájaro cuya cantata distinguida se fue apagando igual que una mecha que llega a la parafina fundida.

Quizás el gran amor de mi vida sea la soledad. Y deba resignarme a las aventuras con las mujeres casadas. Ellas saben manejar la distancia lloriqueando sobre las mesas que lustran o al enjuagar la vajilla de distintas cerámicas donde sirven los pulpos o sus milanesas rebosantes de iracundas manos de pan rallado. Así es: quizás el gran amor de mi vida sea la soledad. Por eso acuso al destino negligente, pues aquí se desperdiciará un corazón preparado para amar.


9 de abril, 2011

viernes, 3 de junio de 2011

Y cuando pasó el tiempo…






Las minas de 2 milímetros se agrupan prolijamente en una cajita como si fueran 6 tacos obscuros de billar. En el estuche de polipropileno se transparentan todas, el rugoso relieve de una flecha prefabricada indica que la tapa se abre hacia Tunes. Luquitas mira estúpidamente sonriente rumbo a la ventana delgada; sus ojos expresan la calidad de los niños down. “La computadora dejó de funcionar bien hasta las afirmaciones de hoy”, “Coquito sigue golpeada”, “No he podido curar a quienes más quise” y “Ella jamás volverá de las montañas por mí”: traviesamente mis vergüencitas profanan esta disléxica soledad justo cuando “todo estaba tan bien”. No sé a quién más le importa, pero la tozuda barrena tritura un pedacito de la Salamanca civil. Y mientras todo eso que aquí yo cuento, las dependientas del Corte Inglés cautivan tanto a los Tato como a los Totis y Tatis.

Un viejo y desagradable conocido muy solo mío, me ha mandado unas cartas que avisan quizás que él vuelva. Sería una convivencia espantosa, pero igual no le temo. Aquél sazonó excesivamente los años de mi juventud con un interés obligado. Pues el dolor es un hobbie que nadie quiere tener. A mi vida vuelven las cosas malas, por más que afirme. Y aunque la evidencia me diga lo contrario, sospecho que mi insistencia en el rezo esta vez me accidentará con algún tesoro. Propoleo, aceite de castor, Geniolitos y aloe vera: la niñez también tuvo su lado flojo. Quizás jugar con un barrilete casero y destartalado que nos servía para un solo vuelo y después “Hay que tirarlo”; las tardes post-escolares y tras las paredes se escuchan los turulecos “¡Clack!” de la perilla de luz que iluminaba la cama de nuestros ancestros; quizás soñar todo el tiempo con películas de Disney; pues quizás por todo eso quisiéramos rescatarnos y decir “Yo también he vivido años felices”. Las fútiles travesuras de los niños que se mudaron enfrente despertaron extrañamente la necesidad de un mate. Desde su vasco edificio me escudriñan con una misteriosa atención cada día que vengo a escribir al estudio soufflé. Me ponen algo nervioso: cada tantos renglones reojeo hacia la ventana a ver si se han ido ya. Pero allí continúan, analizándome obtusamente como si fuera un francotirador de la perversa y gracias a Dios ya eextinguida Alemania Nazi, agazapado en lo que ha de ser su mimoso cuartito de infante. ¿Qué colgará en sus paredes? Pasó largamente la moda de Elmer buscando la madriguera.

Otra imgen me visitó unos días cuando despertaba. Algo en ella consiguió que me entregue la fantasía como los niños al juego de la mancha. Como todo hábito que no podemos dejar, pues yo no conseguí despojarme de Mi pequeño Yang. Como el cristiano practicante tiene una terca devoción en la Biblia, pues así yo tercamente he estrujado por más de un año la masa cuántica de aquel dolor.


Después que me acuesto diciendo rezos, a la otra mañana la pienso menos. La verdad que me lo esperaba esto de escribir de ella o de lo que sea sin sentir la culpa por haberla perdido. No hubo momento de ella que no haya recordado miles de veces así como he intentado describir el más pequeño de sus rasgos y gestos. Así que mejor apunto:

“La misma barrena aniquila una hilera de baldosas salmantinas. Las blancas ventanas de otros seis pisos son abrillantadas por la claridad astral”.



martes, 31 de mayo de 2011

Dulce Píldora



















Tus buenos días eran para mí
mucho más que dos palabras:
la dulce píldora que traía consigo
las energías para toda una jornada.
Pero no era eso solamente: Se extraña
la mañana contigo; Tener a alguien
que se interese por mis cosas.

viernes, 27 de mayo de 2011

Los soplidos de te extraño






















Una vez a la semana
el silencio llama a casa;

Como si se hubiera arrepentido
al menos una vez se ha ido
antes que nadie le dijera ¡Buenos días!

Otras veces se espanta con mis holas;
En esos momentos se va ni bien me oye.

En la homogénea superficie grisácea
de aquel instante se cuela un
imperceptible chasquido vaciloso
que suele anteceder a los decepcionantes
tipititeos que siempre emite el ese silencio.


Allí se ofuscan todas las esperanzas
de escuchar sus respiraciones murmurándome
los soplidos de sus te extraño.






miércoles, 25 de mayo de 2011

Una velita para los santos






Febrero, en uno de los últimos

amaneceres del mes



Verde limón y verde césped: una jungla de hojas compone al arbolito que mami compró a cambio del benteveo azulado que le regalé para su cumpleaños. Dios ha cobrado la maldad de una antigua vida mía vendiéndome un artículo fallado al coste de uno en condiciones para reyes. Hice bien en esconder la princesita de nuevo. Con el paso de los días ella comenzaba a tener la cara de la desconsideración. El silencio es ahora el duro acompañante de las madrugadas. Me he sentido un ángel a quien rezarle cuando se acabaron todas las velitas para los santos. Sin embargo...


“Yo”, “me” y “Pipi-pí Pipi-pí”: aún echo de menos esa vehemente idiotez aniñada que azotaba mi alma con inesperados latigazos de ternura, igual que las olas del mar dan masajes a los secretos bajíos. Me daban risa esos errores obvios que tenían tus impulsivos comportamientos sin estrategia

Aún luego de varios meses vengo a escribirte en esta mañana celeste claro, pues siento que no puedo desbarrigarme completamente de ti. Y te he pensado hasta aquí más que mucho. No sé porqué.
















Tercer cuaderno de Macha




Es un poco curioso -diría Tolkien de nuevo-, pero comenzar el tercer cuaderno de Macha en un día 23 de noviembre de este amado 2010, es como una señal redonda de que todas las historias que empieza contar desde hoy las contaré en una etapa que numerológicamente vaticinan un tiempo para las revanchas mías. Menos aún tampoco arruinaré este escrito apuntando sospechas: Dios no se hubiera tomado tanta molestia para que las casualidades que consiguieron nuestro tercer reencuentro cuajaran una con otra casi milimétricamente hasta que se orquestara la decisión de hablamos de nuevo.

Te noté más tolerante, más paciente, más misericordiosa. No dudo que fuera por el amor a tu nuevo círculo. Pero también creo que algo que no me cuentas. Tranquila, sólo es un señalamiento: después de haberlo pensado un poco la verdad que me sentó mal que no intentaras comunicarte conmigo en tantos días. Sé que algo ha cambiado en tu decisión.

Hoy en mi corazón no me molestan la persona que son más frías de lo que aparentan: hoy tengo amor. el futuro no me preocupa demasiado. He dejado de especular con qué comeré mañana para vivir. Y de pronto disfruto más los sentimientos del presente: hoy tengo amo. Se aprecian más a los ríos con su contaminaciones, a las calles sucias y a las gentes imperfectas, pues hoy tengo amor y a todo me adapto más. Admiro las falacias de mi personalidad y de mi físico, los defectos que todo me pasan de soslayo. Porque los entiendo como una diferencia entre lo que es real y lo utópico.

Luego de ti escucho con una atención más comprometida a las noticias de violencia de género. Una mujer quemada a lo bonzo en la puerta de su domicilio… Y no sé cómo explicarles a los demás cuando me dicen Yo no soporto todo esto. Y prefieren mirar noticias sensacionalistas. Te vi de pequeña subida a ese banquito de madera, aterrada, abrazándote a tus rodillas en un rincón de la casa. Lo curioso es que jamás veo las marcas que te han dejado.


Aunque haya ha pasado un mes
que no te oigo mi corazón aún
no ha entrado en la desesperación.


Quiero escribir un poemario para cansarme de pensar en ti.

martes, 17 de mayo de 2011

Emigrando


¡Vuela, pequeña!
Deberás buscar tu sola
la rama para los nidos
que tejerás en próximas
primaveras.

¡Vuela pequeña!
Ya no habrá consejeros,
sólo las alas rotas
del pasado.

¡Vuela, pequeña!
Ya es hora que elijas tú
los manuales que te guiarán
en el camino hacia ti.

¡Vuela lejos!
Que en esta ciudad
ya no existen los aleros
que utilizas de paraguas
cuando la llovizna
es en diciembre;
O como parador
cuando marzo
aleja las nevadas.

¡Vuela pequeña!
Ya es hora
de que vayas sola
a comprar el pan.
O de que nadie te insista
para que estudies
o hagas tus cuentas.
Que a mí me bastará
con saber de cuánto
fui capaz.




8 de agosto de 2010
(mañana)

domingo, 15 de mayo de 2011

Idus de marzo









Las coquetas persianas de Salamanca no demorarán muchas horas más en levantarse. Se irán abriendo a medida que empiece el día, cual geométricos párpados en una cara de piedra que tiene miles de ojos, orquestados sinfónicamente a través de los peticitos baptisterios de la ciudad. La armadura vacía de un caracol parece una trompa sin elefante, enrollada en sí misma al ritmo de una torcida corneta.

Con buena intensión examino sus lejanos problemas buscando encontrar un generoso descuido en este feroz desamor, para ver si en ese huequito de su inhumana estrategia encuentro la coincidencia para regresar a ti. Con sus borgianos apuntes y también sus sentimentalosas adjetivaciones, los cuadernos de Macha no me han servido para olvidarla ni tardía ni prontamente. Cuando se avecine el mórfico septiembre se habrán cumplido dos años de haber pensado en ella continuamente. Aún estoy negado a olvidar aquel 9. El tiempo tuvo la cortesía de haber pasado. Entonces ya no siento el rencor que me provocaba el haberme sentido un abandonado. A medida que el tiempo pasa las catáfilas van desprendiéndose una por una como si fuesen los envolventes pétalos de una margarita que se deshoja. Es allí que solamente nos queda en nuestro sentimiento una verdad que es el amor. Ese momento es oportuno para sopesar las ganancias y su contraste, las pérdidas. Porque buscamos saber si todo ha valido la pena. ¿Y cómo saber si el pasado vivido valió la pena?

El camino de nuestro compañero ideal se cruza continuamente con el nuestro. A veces pasan para quedarse por años y otros por unos días. Y todos tienen algo en común: los caminos hacen tangente y otra vez se separan. Así los caminos
comparten ruta. Dos caminos raramente mueren unidos. Y cuando es la hora de marcharse sólo hay una cosa para pensar: “¿Estoy enamorado?”.

Porque cuando una persona indicada se marcha de nuestra vida sin que la hayamos amado con sinceridad, cuando esa persona indicada se marcha y no queda en nuestro recuerdo un “Estoy enamorado”, pronunciado al menos por una vez… Pues entonces Significa que la muerte nos ha ganado otro round.






Nicolás Dallara


viernes, 13 de mayo de 2011

Sesenta mil pensamientos nos pueblan la mente al día








26 de marzo


Ignoro si será siempre, o algún día me despertaré sintiendo que todo ha sido una imagen que me susurrará tu existencia. Aún sabiendo la valía inequilátera que cuando amé me han otorgado los astros, echaré de menos aquel movimiento serpentinante de sus cabellos. Aún existe un círculo de ti en mí. Ese planeta no deja que otras superficies evoluciones. Y luego de hacer amores pienso “¿Me seguirá queriendo?”. Algunos días como el de hoy –cuando la lejanía ya es más una realidad indoblable que un obstáculo-, recuerdo con cariño a esas impertinencias que ha tenido. En cambio en otros, todas las impertinencias vienen a mí como besos en un petóns. Los lugares por donde antes caminaba admirando los arcoíris, pues hoy pasaron a ser sequedades brasosas que terminan de consumirse al sol. Ahora todo lo transito penando. Esta pena se ha convertido en una gran compañía. Esta pena me recuerda las cosas que he de ir haciendo. Ayer me decía que pronto deberé ir a comprar un bolígrafo de tinta rosada. Sólo recordando aquellas caligrafías la pasión regresaba a borbotones.

Pero un día aparece el consuelo de otra ilusión, aunque no dure mucho. Pero todas protagonizaron la extinción del amor ulterior. Es entonces que se descubre el amor de la primera comparándola con la segunda. Y otras veces descubro la manera en que me amabas cuando amo a las otras de la misma forma que me amaste tú. Tus palabras cortitas, tu alud de emociones oculto en un pocillo del tamaño de un guisante.

Ahora hay otra imagen que me visita cuando despierto. Me entrego a ella como los niños al jugueteo cuando son tocados por la mancha. Pero como todo hábito aún no he conseguido liberarme del todo de los recuerdos de Mi pequeño Yang. Así como el cristiano practicante tiene devoción por las bíblicas enseñanzas de Jesucristo, pues de la misma manera yo me he entregado para estrujar este dolor con las letras de mi cálido suplicio. Por eso no he pensado en ella algunas veces. Quizás algún día la he recordado 10 veces. Pero si contamos que nos pueblan la mente al menos sesenta mil pensamientos cada día, pues pensar en ella diez veces no es algo que tenga que lamentar.








Nicolás Lopez Dallara

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ineludible










Como los granitos de arena formas las playas del mar, las horas forman los días y los días así los meses del calendario, que una vez examinados quiebran el vaticinio de cuánto duraría el silencio entre nosotros dos, querida mía. Ya no quiero cuidarte a través de mis plegarias. Ellas abrieron la puerta para que le des la bienvenida a algún exótico éxito en tu vida.

Por eso decido que me produzcan ternura tus insolencias. Y sería fantástico que tras todas esas máscaras haya existido una mujer que me amaba. He aprendido a mirar la ausencia como un camino de brazas entre tú y yo. Dicha carretera que nos separa es imposible de atravesar al principio. La batalla del desamor es una contienda a medida de nuestro espíritu. Desafía la resistencia, contamina el buen dormir, empaña a otros amores que vendrán luego. Las manos de la discordia rememorada estruja nuestro corazón. Si el mundo fuera una metáfora de la mente, probablemente la guerra sería esto.

Las cosas así tenían que ser. Cuando uno se libra de sus estimulantes pretensiones, de sus fronterizas terquedades o de sus cortantes orgullos, cuando uno ha planeado cosas distintas, pues entonces mira hacia atrás para contemplar al pasado con indulgencia. Es en ese repaso cuando se nos revela con qué clase de tinta hemos escrito los capítulos de nuestra historia. Analizamos de lejos, como quien ve a los halcones volando sobre la carretera. En esa contemplación misericordiosa se experimenta el más piadoso de los consuelos, pues escudriñando las decepciones y los fracasos sin sentirnos estúpidos o víctimas de la coincidencia, pues se siente cierta sospecha de que casi todos nuestros fracasos han sido en cierta forma los ángeles que nos guiaron sobre las vías del necio ensayo en dirección a una estación llamada Destino. Por el contrario, a veces tenemos el presentimiento de que el acierto, el éxito, se recuerda como lo más dulce de nuestras vidas; pero no estamos tan seguros de que lo hayamos aprovechado del todo. Cuando el éxito es tambaleante, a veces mejor pensar si no sería bueno cruzar de calle en busca de otras pavimentaciones más afirmadas. En esta vida se abandonan caminos continuamente. Pero lejos de verlos como una batalla perdida es mejor apostar por la próxima vida a construir. Y dar las gracias por la experiencia vivida mientras mantenemos esperanzas de realizarnos en
aquello que nos espera.


























11 de mayo, 2011
Nicolás Lopez Dallara

martes, 3 de mayo de 2011

Por tercera vez

Para salir sonriente en la fotografía, Mickey pone esa agradable expresión de capitán que mira las nubes suspendidas al estribor. Los botones de su enterito blanco tienen la forma de dos pácmanes a punto de saborear a un fantasma. Afloja sus manos exageradamente enguantadas y apoya un dorso en cada una de sus muslos flaquitos. Como quién no se puede creer un gol de Maradona pone esa cara de “¡¿Será posible?!”.

Hace ya un año que te oí enfadada por última vez antes de que te fueras. Pero ya hace diez días que has desaparecido nuevamente. No he dejado de amarte o de desearte, pero los momentos de mi pasión son interrumpidos por crecimiento de una plantita en mi corazón. La lluvia borboteana, el mate y su apaciguado rito de enfriamiento progresivo, los cuadernos manuscritos, las parapléjicas letras que hay en ellos… son mis inertes acompañantes. Igual yo vivo con la misma tristeza que el hastiado soldado cada vez que marcha al espamentoso enfrentamiento. Hoy eres como una velita que sucumbe a voluntad de sus últimos segundos. Pero si hay una culpa es mía más que tuya: “La primera vez que me engañes será tu culpa. La segunda culpa mía”. Aunque si lo pienso tuya también. Siempre volvías para mantenerme atado a tu lamento, a tus suicidios, a tus pesadillas. También me diste amor. Pero era un amor tirado por los bueyes marrones. Se extrañaran las peleas de novios que tuvimos. Por tercera vez nos hemos dejado. El amor es una ley sin sanciones. El amor es una linda ilusión que puede cambiar de escenarios pero no de actores. No me libero de una carga, yo te quería. Fue mi momento de entregarme, me fue fácil amarte. Pero tú sí te libras de un peso, y te agradezco el haberlo intentado tanto tiempo. Así también te pido disculpas por haber permanecido tanto tiempo a tu lado.

Esta es la última línea de hoy. No me di cuenta que era 14 de febrero cuando me senté a escribirte.


viernes, 29 de abril de 2011

Hoy

Hasta que se cansó de embestir muros
quiso creer que en su cara amor buscaste
pero lo mismo hubiera dado al matador
capear a cualquier toro, en vez de a mí


Ya no quiero ser toreado
con el manto turquesa
agitado por sus manos.


Ya fuera Eolo o Ares: Salamanca creerá
menos en los dioses; ellos no pudieron
hacer nada para que el sol salga otra vez
en aquel distante horizonte maltratado.


Pero hoy las fuerzas escasean para hurgar
en la carne de ese corazón –músculo fibroso,
responsable del poema envenado de ilusiones.

Todo se miraba con el cristal de enamorado
Hoy le pongo equis más fáciles
a las ecuaciones de dos grados
para que esa tierna deducción infantiloide
se enorgullezca adivinando el entrelíneas

Y prefiero ya no hablar de la montaña
en que el peregrino no ha hecho cima
ni de lo que es ni lo que ha sido
o pudo ser.

Soltar recuerdos que inocentemente matan
Pegar con cera las alas de Pegasus
Y que cada noche me espere en la cama
el ser perdido cuando se unió a la causa
inglesa y arturiana.

A fuerza de plegarias retornó luego de meses
En su fuego de Fénix leeré gloriosas epopeyas












29 de abril, 2011

miércoles, 27 de abril de 2011

Epifanía



El disco de Tom Petty descansa sobre su lomo de cuadernillo mientras la ciudad de su tapa con un estilo de “El Bosco” se vuelca en el sentido anti-horario. Tu color preferido enciendo en este anochecer otra cuartilla del cuaderno de Macha, ya transformado en Lolalandia después de escribir tres tomos. Cada vez que cojo el teléfono recuerdo que hace 10 días que no hablamos y cada diez pasos me quejo con un suspiro que dice “te extraño”. Ya no es como antes: aunque preparo mates me siento solo. Alguna vez ya has llamado para dejar evidencias que ya existías. Pero parecido al electroencefalograma que va marcando la cardiopatía de un muerto, pues sólo me encontré con el largo y frustrante ¡Píííííííp!, característico de la llamada que ya colgó.

Pasó el día de reyes: ¿Qué dejaría en tus zapatillas si yo fuera Melchor? Había pensado una frazada con la exagerada cabeza de Hello Kitty. O una cámara fotográfica no muy costosa. Amé por entero sus multiexpresiones. Aquellos momentos en que estaba herida, cuando decía cosas coherentes con acento dawn. Como hacía ella a mí me gusta escribir de un solo lado de la hoja. Talvez porque estaba ansiosa por verlos terminados, ella se animaba a desperdiciar la mitad de sus cuadernos oficinistas.

Mis líneas sólo son vehementes si tienen tu nombre.

Lolalandia queda encima de una falla tectónica. Han sido tantos los sismos que los lolinienses pueden vaticinar los sismos según la posición de la luna.

Ser pendiente de ti ha sido un inevitable camino al cáncer progresivo que se instala en mi adeene cada día un poco más.

Ya estamos por desarmar el arbolito. “Un año más”. Hoy me ayudan a escribirte unas Pilot, y –como el ritual de desarmar el arbolito-, tu ausencia se ha repetido en mi vida una vez más. Tampoco he de saber si lo que acaba conmigo sea esta obsesión inllenable, o quizás sea tu ausencia el hecho que a su causa saboteo el curativo hábito del escribir. Tengo la sensación que ya he escrito todos los versos en los que podré pensar. pero a veces es como si recién naciera y experimentara el llorarte como el primer oxígeno que entra en mi cuerpo.

sábado, 23 de abril de 2011

Un año de Macha




31 de diciembre

Hoy hace un año que comencé los cuadernos de Macha.

La falla de San Francisco se ha desplazado 100 metros. Fue un número gigante: no todos los edificios se derrumbaron completamente. Algunos aún prevalecen en ruinas a muchas manzanas de la falla geológica. Aún queda alguna estatua que esgrimió a su prócer blanco por décadas. Un gasueducto que aún no terminó de explotar le pone fin al monumento. Y una mujer llamada Dolores echa un vistazo a todo desde un balcón agonizante. Lamenta con una lágrima a su padre asesinado por el temblor.

Los arquitectos han diseñado otra San Francisco, cuya edificación ya ha comenzado.


1 de enero

En Lolalandia hoy es el primer día de otro año. Aunque es festivo todo marcha igual en esta ciudad luminosa. La noche del año nuevo fue interesante. Luego del brindis los lolinienses se acostaron prontito. Y todos se despertaron sin tener sueño a las 4 de la madrugada.

Los seres humanos somos hojas movidas por un viento llamado amor.

miércoles, 20 de abril de 2011

Cármenes y Rosas








¿Por qué al despertarnos se repite automática e imparablemente una canción agradable pero que no está incluida en nuestra lista de favoritas? Yo hice mucho bien y fui sacrificado solamente para que la vida me acerque a ti.



Eras un disparate. Brindaste haciendo la pata coja mientras mirabas a los demás como si estuvieran locos. Hubo veces que respondí a tus histéricos desquicios con el útil silencio. Eso era lo que necesitabas. Esos orgullos, esas palabras impulsadas por el pasado y no por la justicia del merecimiento para cada quien, pues fue lo que me hizo subirte los pantalones cogiéndolos del tiro. A veces pensaba que te ya te había enamorado otro César, gentes con fondo de cartón pero que en lo físico pretenden ser Joe Satriani


Antes quería que volvieras a toda costa. Rezaba cada minuto libre para traerte pronto. Hoy quiero que regreses cuando estés lista. Yo no podría olvidarte. Pero entiendo tu desesperación, si pasara otro tren que te lleve al Cielo por favor no dejes que se vaya. Se puede vivir sin ti de todas formas. Yo amo este hábito de escribir.




Homero y Virgilio escribieron en verso únicamente para no aburrirse. Yo quisiera agradecerle a la mañana con un verso. Decir como Neruda que cuando escribo cosas románticas el mate me gusta más. O apuntar el deseo que me mueve: “Ojalá pudiera ver lo hermosa que se pone Salamanca en estos días”. Hacer las cosas difíciles nos entretiene más. A veces creo que dejar que otros te conozcan a través d
e estas escrituras es lo que fabricó los accidentes a tu alrededor. Da mala suerte presumir del amor. Mostrarles los poemas que son tuyos, ellas más me desean cuanto más saben cómo te deseo a ti. Es entonces que comienzo a sentir una culposa lástima por ese público. Y me preocupa si las lastimará que te diga este te quiero o aquel te extraño amor. Es así como entran a en mis páginas. Algunas se enamoran de las líneas que te escribo. Y ellas me enamoran con fugacidad. Cármenes y Rosas: quedan sembradas en la obra que lleva tu nombre en el epígrafe. Pero las marchita el sol de tu recuerdo.




domingo, 17 de abril de 2011

El cariño en cronología


22 de agosto 2010


La flauta de Telemann es una retrospectiva cortina musical para un rosado texto que se escribió antes de que la sinfonía se oyera por primera vez en el 5º de Paseo de los Nogales.


Esta mañana estoy triste. Me culpabilizo porque las hojas estén amarillas. Amaneceres como el de hoy siempre consiguen que cuestione mis hábitos: ¿Valió la pena tanto secreto? Las correspondencias no rompen las maldiciones. Y si en algo lo cambian todo es nada más que por un tiempito. Entonces las distancias regresan más dolorosas. Si otros hombres te odiaron, ¿porqué yo no debería odiarte por la misma razón? Sin embargo sólo te culpo de que los pensamientos de ti estén antes de cualquier cosa. Y así una mañana no la encontró en casa. Alguien tocó a la puerta mas no era ella la que volvía. El minutero y la hora ya no hacían más capicúas. La prosperidad de una empresa de libros creó varios pensamientos en su vida.


¡Achícate! –le gritaba al fantasma-, que existen personas además de nosotros dos que pueden salir muy lastimadas. Ellas quieren entrar a la casa que tú dejaste. Será porque hacía mucho que no te dedicaba una hoja entera. pero que se queden esperando años y años una señal del querido. Tu corazón sigue siendo un enigma. Poco a poco nos fui viendo como si se tratase de una escena de la famosa Casablanca. Hubo madrugadas que me senté a revisar los recuerdos para ver si existían las evidencias de la falta de amor. Pero el corazón sólo me dictó oraciones que de alguna manera te incumban. La magnitud de mi amor es la referencia para los días que van pasando. Casi puedo sentir el olor a las caracolas allende el silencio de un auricular electrónico. Hasta que al fin hoy llega la esperada campanilla para traerme otra vez ilusiones de ti. La última vez fue un domingo, alejado 15 jornadas de esta mañana. La anterior: un sábado diferente en distancia quince días de aquel domingo desesperado.


El dolor de cada día sigue siendo un corazón que sin ella se vacía, como una nave espacial que pierde súbitamente el oxígeno cuando alguien abre la escotilla que da al universo. Hasta el día 3 mi pena residía en darme cuenta de que alguna vez me haya querido. Ahora que has vuelto estoy aprendiendo a combatir la ausencia de tu voz. Escribo de otras cosas, pienso más en el proyecto… Y deduzco tu cariño donde antes sólo veía mala intención. Entonces mi corazón se vuelve observador y no protagonista. Yo no fui suficiente para que quiera vivir. Hoy que ha vuelto me asaltan como tiros los terrores de que el día menos pensado las pastillas tengan éxito, antes de que algún recuerdo la convenza de que seguir existiendo cuenta mucho.

viernes, 15 de abril de 2011

Tan asolado como un mar seco





21 de agosto de 2010


Me daría mucha tristeza desperdiciar esta fecha sin antes escribir algo aquí. También podría escribir cosas de Salamanca, cuyos sonidos en la carretera ya comenzaron a multiplicarse, síntoma de que esta fecha laboral ya está arrancando. La verdad que ya no tengo seguridad que me quieras o me hayas querido. Sé que alguna vez volveremos a hablar, pero mi corazón de hoy rechaza esa esperanza. Durante 7 meses los te extraño acompañaron el flujo de las horas, tan asolado como un mar seco. Pero aún tu recgreso no fue triunfal. Por eso me pregunto qué haré con todo lo que he construido si alguna vez vuelves tú.

lunes, 11 de abril de 2011

A su favor al dios Neptuno

Aunque te extrañe te dejaré volando,


aunque estas extraviadas sentencias


sean constantemente pisadas por


la vehemente tentación de ir en


la búsqueda de tu violenta ternura


pues tan solo rezaré para que mi Señor


te inspirase caminar hacia mí


como en un acto de fe.



Aunque la inseparable soledad me acompaña

de hace más de un año hasta esta parte


aún no quiero escapar de Lolalandia.




Cada tanto la soledad aburre un poco

en los momentos desesperados


-cuando el pensar me abruma la existencia-


construyo balsas con los elementos de Dios


y los que más a mano tengo




Espero a que el Año ponga vientos

y mareas a favor de mi partida;


Es entonces que arrojo a mi existir


contra el oleaje de esta isla


mas la barca se rompió en las embestidas


de las aguas que nutrían Lolalandia.




La inmediata costa de Lolalandia consta

de bajos arrecifes que encallonan a las barcas


si están abandonando Lolalandia: Se puede


decir que Lolalandia utiliza a su favor al dios Neptuno.




Lolalandia se compone de palabras juguetonas:


todo hombre que pisare en estas tierras


se convierte de inmediato en loliniense


el nombre de este amoroso principado


escribí sobre sus playas con dulces caracteres.





















11 de abril 2011


viernes, 8 de abril de 2011

Un corderito con piel de lobo


The Emperor of Wyoming. Los arpegios de Young calman la arritmia de este día que toma como punto de referencia a los ancianos de traje cruzando un paso de cebra, a la esquina del parque de la Chinchibarra. Las barrigas suben a la vereda, la sombra equilátera de un edificio anticipa a las hileras de autos estacionados cómodamente, o si no, como un fraile, Torrente Ballester subido al podio de mármol les da cátedras mudas a los estudiantes de la biblioteca que le pasan por enfrente de sus gafas de utilería.


¿Quién pudiera responderme? Tan mudo como aquel prócer del intelecto, el teléfono hoy suena sin que nadie conteste nada. ¿Pero quién puede decirme un hola o un te extrañé?. Y aún así cierta felicidad tontona consigue hacer vibrar la sangre de mis aortas cuando del otro lado todo es silencio. El cuerpo me da señales de que queriéndote voy a contramano por las fantásticas autopistas de la felicidad. ¡Qué vergüenza!: ya ni siquiera es la línea muda cada quince días. Y sin embargo cada vez que suena esa opereta de carrusel sigo esperando que seas tú. Luego voy por las ranuras del día acompañado de un espontáneo maremoto de pensamientos en los que tú participas como crestas en las olas.


He cumplido con todas mis promesas. Y sin embargo no hubo santo que me pague los días y las tardes esforzados concediéndome el milagro de tocarte otra vez. Por dos o tres días era feliz en otra ciudad lejana. Una emoción traicionera aplanaba a tu fantasma. Pero al tercer día resucitó.


Te quiero de vuelta Dolores. Seré superficial si acaso algunos días hiciera falta, pues jamás te insistiré de nuevo para que sanes tu alma con brujerías baratas. Y únicamente cuando tú quieras hablaremos de amor. guardaré mis te amos y mis te quieros, y para dártelos aguardarán tu iniciativa. Pero jamás te contaré de la música que no prefieres y yo he escuchado. Vuelve al menos para discutir conmigo. Que tengo ganas de ser herido otra vez con tus palabras. Para pelear por Dios o Jesucristo, admiremos la incomprensión que cada cual tiene por las ideas del otro. Que una profunda emoción nos haga salir a la superficie, cuando se contempla el acento de las voces.



11 de agosto de 2010